Tendré una obsesión-compulsión...
Psicosomatizará mis frustraciones y expulsará la vida de mi cuerpo.
Allí donde yo vaya, allí donde esté irá conmigo.
Cuando ingrese a mis entrañas algo que alimente bajará una pesada espada sobre mi nuca, un aliento a muerte e ira que me sacudirá de miedo si no obedezco. Pondré la excusa que tenga poner, limpiaré mi cara como tenga que limpiarla y fingiré la alegría necesaria. Pero de no obedecer, las voces se harán mas fuertes y tenebrosas.
"Es una orden", dirá implacable mi verdugo invisible, mole impenetrable de traumas, pasado y represión. Y a partir de ese momento, mi sangre comenzará a hervir de imperativo, de desesperación y maniobrará toda mi estructura de células y tejidos para que, una vez más, extirpe un pedazo de mi alma y lo tire a un inodoro. Terminado el eruptivo impulso mi verdugo vuelve a la sombra, y todo lo que dijo será olvidado, las voces callarán. Hasta la próxima vez, no muy lejana.
Y en cuestión de meses habré dicho muchas mentiras, bajado algunos kilos y perdido momentos de felicidad.
Habré deshecho un camino viejo y tapado de hojas para revivir los más insalubres momentos, para torturar a mis tripas que de nada son culpables, pero así se sienten.
Son días de tristeza tan honda que cuesta creerlo. Cómo se puede tener todo y ser tan infeliz? Para qué tenerle tanto miedo al fracaso si nadie es perfecto, ni está cerca de serlo jamás? Qué sentido tiene sufrir por lo que no se puede alcanzar si justamente es imposible, ficticio?
Mi parte lógica siempre repudiará la destrucción , pero nunca habrá de mover un dedo. Sabe que de todas los mecanismos aprehensibles disponibles mi mente aprendió uno extraño que alegoriza imágenes, recuerdos y palabras. Uno que tergiversa emociones y opiniones en la peor opción. Y que siempre que tiene la posibilidad descarga su hoz de odio y furia sobre otros, más inocentes aún que mis apenadas tripas.
Detrás de toda esta tragicomedia está mi pobre yo, incapacitado para dividirse tanto, para complacer tanta exigencia. Pinta una sonrisa desteñida para pasar desapercibido, para que nadie sospeche semejante vergüenza. A quién se le ocurriría? Uno siempre está demasiado grande y crecido como para tener problemas, peor aún cuando son autogenerados. Sin embargo, todo lo que mi aplastado yo pueda esconder bajo la alfombra, lo hará. Cuando la basura haga estallar las ventanas de la casa no quedará nadie ni nada alrededor. Me habré perdido en otro país y en otro vicio destructivo.