Los ojos morochos más lindos que vi
Se hace de día,
el sol lo encandila, los vientos descansa y el chino se amansa.
Entraba la brisa fresca de la noche
por esa ventana de campo porteño.
Como si fuese de siempre,
dormimos abrazados y enroscados..
Cansados de hacer el amor,
tapados con el silencio de la madrugada.
El pelo revuelto de tanto tirar
pero también de acariciar.
El vecino que se levantaba a trabajar..
Me besaste, me lamiste,
me robaste el cuerpo.
Lo vi libre y no me enamoré,
pero me acarició el pelo dulcemente.
Desprolijo pero no sucio, me dijo.
Yo me sorprendí de tanto fuego...
y creo que el también.
Las frutas de desayuno, el baño tibio,
la cena en la cama...
Pero el olor a campo y a sexo,
el viento fresco, la ventana abierta.
Una paz inmensa..
Los hechizos se rompen por la mañana.
El carnaval reúne y desune.
Se que entre colores y sonidos,
entre fiestas y amigos,
en ese Buenos Aires perdido,
nos vamos a volver a encontrar..