Perdí tanto la cuenta. Ya ni sé contar.
¿Cuento en cantidades o balazos?
¿Cuento en satisfacciones o calambres?
Algunas se parecen, otras (como ésta) no.
Intento comparar, volver sobre mis pasos
para ver si mirando hacia atrás
me ayuda a entender.
Para ver si sirve lo conocido.
Y no... pregunto al aire pero nada.
Incertidumbre. Todo hay que recorrer.
Reviso. Rescato. Retrocedo.
Repito. Re-narro. Recuerdo.
Resbalo. Reparo. Reprogramo.
Y me vuelvo a romper.
De todos los licores baratos,
el peor es el sorpresa.
El trago inesperado, el que no se ha pedido.
El jamás deseado.
Ese que embriaga con dolor y asco.
El que hace vomitar un pulmón
y te deja sin respirar, sin aire.
Con un ala (remendada) rota.
Sin quererlo, uno termina caído en combate.
Al principio...
La furia se siente como una explosión,
lava viscosa que devora a su paso
convierte lo ameno y verde en destrucción.
Quema, muerde y no suelta.
Ulcera y se expande.
Profundiza y revienta.
Parece que no se va pero es pasajera.
No deja entrever lo que sigue detrás.
Luego, las lágrimas son tan abrasadoras.
Entibian la cara, no se hacen rogar.
Suelen ser consuelo.
Hay quien las sabe apreciar.
Y yo no me resisto.
Cumplo todos mis verbos R,
Luego caen y yo las vuelvo a secar.
Pienso, "qué increíble...
qué hay de natural en todo esto?".
Se parece mucho a un ciclo vital.
Pero los momentos se sufren diferente,
cada vez es una vuelta a empezar.
Diferente... (¡Es que una misma ya es diferente!).
Aunque me cansa tanto el resetear.
[Sale el sol y pienso en la noche. La prefiero.
Se siente más verdad, hace llorar.
Me intrigan sus matices.
Busco la luna cuando puedo].
Por unos minutos imagino paz.
Que todo es magia,
(siempre tuve mucha imaginación).
Invento frases, besos, marcas
que no son ni serán
porque toda la expectativa,
la armonía y alegría que se puedan prever
no existen.
Te rompen la espalda, te cortan la cara
porque justo cortan la realidad.
Después de esta letal esperanza,
luz para polillas,
hay que dormir, viene la oscuridad.
Y yo me enfrío y me envuelvo.
Necesito hibernar.
Desconozco, dudo tanto...
¿Cuánta elasticidad puede tener un corazón?
¿Cuánta capacidad hay de resistir piedrazos?
Razono: son siempre diablos de amor,
que cambian de nombre y de aspecto.
Cuerpos variopintos, ojos despiertos.
Besan distinto, me abren distinto.
Me aman y me quiebran.
No entienden...
Yo quiero amar perfecto.
Para adentro, a mi manera.
Sin confianza porque cuesta tirarme al mar,
(conservo algunos reflejos).
Y justo cuando abro la puerta,
cuando siento la tibieza del verano
que tanto conozco y siempre ansío
abro también los ojos y veo un harpío.
Se cae su sombra de dulce palomo
y se manifiesta un extraño.
Ánima de persona con más años.
Dejo de hombre bueno, un narcocristiano.
Ahí quiero volver para atrás.
Y caigo en la cuenta, vencida, burlada
que mi pretendida protección
no era nada.
Grasa sin densidad, sorna, sólo agua.
Ya casi reinicia el ciclo.
Falta un paso más.
Los momentos más tranquilos,
la fantasía de prosperidad.
La promesa de una vida mejor,
la sutura al desgarro,
la apertura de nuevo.
Sexo libertario.
Yo me quiero quedar ahí porque es más fácil.
Tanta imaginación casi siempre me hace gozar.
No hay mentiras, porque no hay verdad.
Nadie pregunta.
Sólo se mira caliente, se toca sin tocar.
No me importa.
Yo me exhibo.
No quiero temer, no me quiero guardar.
Es más fácil y ya da lo mismo.
Voy a cumplir años y siempre voy a querer coger.
Será ella o será él.
Mi cuerpo responde, tiembla de presentir
que pronto vuelve a florecer.
En este punto álgido termina.
Dialéctica de mierda, no me arrebates.
No quiero volver a la furia.
Pero todavía no lo puedo evitar...
Aunque quiera (con muchas fuerzas)
a esta esperanza mortífera,
yuyo de ruta, cardo berreta,
aún no la puedo arrancar.
Pero te juro,
(y sé que me va a costar veinte kilos)
que te voy a odiar tanto, pero tanto,
que un día te voy a sepultar.
[Quiero que llegue ese día].
No quiero escuchar mi parte humana,
quiero coserle la boca,
mudarla de calle, de casa,
que se pierda, que no me joda.
¿Cómo puede tener tantas ganas de perdonar,
de comprender, abrazar?
¿Qué es esta fe en Cristo y su puta trinidad?
Yo soy atea, con orgullo.
Ahora (y antes) me resisto a confiar.
No quiero que persista esta contradicción,
que sobreviva una miserable chispa
que pueda revivir un muerto velado
que no se entierra todavía
porque no se encuentra un buen cajón.
No le creo ni a mi propia sombra.
Ya me lo hizo.
Cuando menos lo espero,
me devuelve, sin permiso, la ilusión.