En los domingos de mierda uno no sabe bien qué hacer, a quién llamar, qué comer. Lo común que suceda dentro de esta categoría de días es que todo salga mal: la actividad del día es dormir/mirar televisión (subsume el avistaje de series y novelas); todas las personas contactadas se encuentran en domingos felices, y por ende, están en otra sintonía, incompatible con la nuestra, a raíz de lo que no pueden atendernos o hacernos companía; la comida que cocinamos, en cuyo proceso intentamos despejar la cabeza y hacer del día algo más elocuente, nos sale horrible, incomible o insípida. Luego del (fallido) almuerzo, nuestros intentos por remontar el día son inútiles: todo es una vorágine de depresión, mala suerte y aburrimiento.
Si tuvimos la fortuna de que nuestros agraciados poseedores de domingo feliz nos den bola pasará lo siguiente: si la mierda del domingo resulta muy pesada no habrá energía positiva que contrarreste la fatalidad del día. Nos sentiremos ansiosos, envueltos en conversaciones que no nos interesan, viendo rostros que no nos interesan, con la maraña de pensamientos negativos y deprimentes chupándole toda la vitalidad a las aturdidas neuronas.
Luego hay que pensar un plan B, porque para que el día termine todavía quedan unas ocho horas. Buscamos vídeos motivadores en Youtube, películas inspiradoras, historias emocionantes cuyo mensaje es básicamente el siguiente: "todos los días son maravillosos", "un día más es una posibilidad más de vivir", "tienes la oportunidad que los muertos ya no tienen", "siempre hay algo increíble para hacer o conocer", "vive el momento", y la lista es infinita. A veces surten efecto, pero a veces solamente aumenta aún más la ansiedad.
Optamos entonces por un plan C, más pragmático: nos ponemos a limpiar neuróticamente, a correr, a caminar, a andar en bicicleta, etc. Resulta, quizás, la actividad que más disipa la nube de negatividad, porque además de ocupar la mente en una actividad sencilla agota nuestro cuerpo, y quizás, con viento a favor, nos llegue el sueño más rápido. La limpieza neurótica contribuye a dejar nuestro hogar más presentable y aseado y da una sensación placentera de "haber hecho algo productivo".
Lo peor que nos puede pasar es obligarnos a hacer cosas que no queremos, con tal de escapar al aburrimiento fatal: ver a un ex negativo, comer de más, beber alcohol en enormes cantidades ("grandes" son aceptadas), drogarnos todo el día o relacionarnos con cualquier tipo de persona que, sabemos, nos daña, pero la necesitamos para generarle una emoción a este domingo de mierda que no termina más.
Si te tocó vivir este día, lo siento, espero que se te pase rápido.
Pero yo me pregunto: ¿y la rutina del lunes por qué nos resulta mejor? ¿Será que en vez de mejor es más cómodo? Entiendo que una obligación o un compromiso asumido es inamovible y, de cierta forma, llena el vacío de nuestros días. Pero claramente, no es mejor, es simplemente más llevadero. La obligación nos pone eso que no podemos generar por voluntad propia y nos da una comodidad impagable.
Al fin, la rutina de la que todos nos queremos escapar, casi siempre funciona como nuestro hogar, la meca que siempre le da sentido (aunque a veces sea vacío) a nuestros días.
Que se termine este domingo de una vez !
Salud !
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