Quiero confesar algo: documento mi vida en diarios íntimos desde que tengo ocho años de edad. Es una experiencia muy rica porque puedo consultar mi pensamiento y mi cotidianidad de años atrás. Siempre que me leo me sorprendo, me río, me angustio, me tengo auto-compasión o siento ternura por lo que escribí. Ternura de sentirme tan pequeña, tan inmadura, a veces tan indefensa. Supongo que es algo que pasará por el resto de mi vida. Pero en mi análisis (en el presente) puedo revelar mucho de mi personalidad. Hay hechos que se repiten constantemente en mi vida. Y estoy siendo sincera en mi confesión. Hoy no habrá intentos fallidos de rimas, ni pedazos de canciones: sólo honestidad.
¿Por qué siempre cometo los mismos errores? ¿Por qué ciertas sucesos siguen atormentándome (aunque sea en grados diferentes, bajo imágenes variables)? ¿Por qué me hago preguntas iguales o parecidas con el correr de los años? Yo siento que mi avance espiritual es grande, y por momentos, al leerme, noto grandes avances. Pero la base, el conflicto estructural siempre es el mismo. Con respecto a cuestiones "del amor" es impresionante: los mismos desencuentros, la misma desazón, el maldito desamor. Persona tras persona, relación tras relación (independientemente de cuánto tiempo haya durado), cometo los mismos errores. En verdad, evoluciono, por supuesto, pero siempre actúo bajo los mismos patrones: celos, inseguridad, posesividad. No puedo poseer al otro, y entonces cómo me relaciono con él? He allí la pregunta que me hago a través de todos estos años, bajo el disfraz de diversos problemas, subsumido en múltiples e infinitas discusiones.
Estoy en el umbral de un enorme cambio: dejaré mi ciudad para estudiar, para viajar, para olvidar, para soltar, para volar. En todo este tiempo que estuve sola realmente "regué mi propio jardín". Han crecido tantas flores que ya no puedo ver la vereda, la maleza tapó el yuyal, la hoja muerta. Tengo un enorme árbol de limones sobre el que se posan bonitos pájaros, tengo verduras para alimentarme y suelo fértil para expandir el terreno. En efecto, mi interior ha florecido, y aunque las mismas preguntas e inseguridades me sigan persiguiendo rezaré para que el siempreverde tape la yerba mala.
A un día de comenzar mi gran viaje siento que dejo mucho, pero que el espacio que queda es el suficiente como para llenarlo de sólo mirar el paisaje por la ventana.
He amado tanto que me hace feliz. Amarse es vivir.
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