Aunque no fuíste el primero, sí el más intenso.
Calma, misterio, lo inalcanzable e irregular de la montaña, vos.
Fuerza, destrucción, variación y salinidad del mar, yo.
Dos mundos distintos, traumados y odiantes.
Amantes.
Me acuerdo y guardo tantas cosas,
que a veces los recuerdos me agarran desprevenida.
No son cajas que tengo que abrir concientemente.
Son piedritas de colores que me encuentro de forma repentina,
en un cajón de medias, en un supermercado, en la televisión.
Cuando las toco, cambian de tamaño, mutan
y me golpean en la garganta.
Son bellas y hermosas, pero están contaminadas.
Me envenenan y me entristecen.
Pero las toco igual.
Siempre caigo en la tentación.
Deslumbra su belleza y la felicidad que reflejan.
Pero después son letales.
No tengo más que hacer,
que soñar un día imposible en el que me tome un colectivo más
y te vaya a buscar para decirte
cuánto aprendí, cuánto crecí y mejoré.
Cuánto te aceptaría ahora,
cuánto te dejaría ser.
Me arrepiento tanto de haberte dejado pasar...
Pero no sabía nada, no podía salir del trauma.
Sólo dejaba que mi proyección te tapara,
dejé que mi ridícula imagen de egoísmo y desaprobación
manchara tu figura y yo sólo pueda ver eso.
Me quedaba en un infantil lugar de enojo sin motivo
y permití que destiñeras,
cuando eras tan perfecto para mí.
Ahora ya está.
Seguimos nuestras vidas y ese Andesmar
llegando a la terminal para buscarte nunca más va a pasar.
Porque no hay amor que resista tanto revés.
no hay amor que pueda curar tanto,
No es lo único indispensable para compartir en paz un destino.
Nos mintieron.
También se requiere conocimiento, valor,
sabiduría, perdón.
Y yo no tenía nada de eso para vos.
Me cuesta muchísimo desearte felicidad en tu nuevo camino.
Porque sos feliz sin mí.
La única esperanza que tengo es que algún día
llegue a dejar de quererte,
que deje de toparme con esas piedritas traicioneras,
no recordarte más.
Mientras tanto no puedo ver ninguna foto de montaña,
y menos que menos volver a verlas en persona.
Todavía me dolés y es increíble que ya hayan pasado años.
Nunca nada me duró tanto, como mi amor frustrado por vos.
Perdón.
Yo me lo perdí.
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