Mi historia real es así:
El año pasado me mudé a otra provincia lejana, dejé mi ciudad natal costera por una hermosas ciudad de montaña y nieve. Hace casi un año, ya. Por esas causalidades informáticas y relacionales lo conocí al segundo día de haber llegado. Completamente nueva y perdida en calles de adoquines salimos a cenar. A decir verdad: cuando lo conocí no me gustó. Ni su exterior, ni su personalidad. Cenamos en un bar casi vacío y hablamos por horas. Me dijo que nunca se había enamorado y que no creía que le fuera a pasar, que no le interesaba. Yo le dije, casi a modo de bruja, que eso no se puede evitar, que tarde o temprano le iba a llegar un gran amor. Me contó de sus viajes, de su amor por la marihuana, por sus amigos, fue divertido y canchero, y hasta discutimos. Tuvimos buena onda. Nos volvimos a encontrar un par de veces más, pero exceptuando la primera vez, siempre entre amigos (suyos). Una noche salimos a tomar una cerveza. Sus amigos nos abandonaron sutilmente, y caminamos hacia un boliche... todo se volvía un poco previsible. Una vez adentro bailábamos, nos divertimos, compré un trago, bailamos, giramos, bailamos, nos pegamos y me besó. Me dio un beso fuerte, seguro, sin timidez, tocándome la cara. Extrañamente, parecíamos pareja, sentados, abrazados, bailando, besándonos como si fuese mi novio de toda la vida. Nos ganamos unos tragos y al rato nos fuimos a su casa. Un poco ebria me senté en la punta de su cama y me empecé a desvestir... No entraba más sorpresa en su expresión, como si no lo esperara. Cerró la puerta y nos encerramos en la cama. Esa noche, la primera, hicimos el amor varias veces, como sería siempre. Una piel buena, divertida, intensa.
Después de eso, pasaron unos días y no me escribía. Volvía del supermercado rabiada, con la mochila llena de comida, atrapada en los pensamientos vengativos de mi mente, queriendo saber por qué había desaparecido... y en esa vorágine de odio mental me caí dentro de un pozo, con tanta mala suerte que me abrí el párpado. Entre sangre y lágrimas, en la parada del colectivo para ir al hospital le escribí. Un par de horas después nos encontramos en el hospital público. Esperamos cuatro horas para que me hicieran la sutura. Me invitó a dormir a su casa, y esa noche no hicimos el amor. Esa noche fue fundacional. Ya había instalado en mí la semilla de la duda, la semilla de la posibilidad...
Pasaron los días y los encuentros. La piel se volvía cada vez más increiblemente intensa. Me hacía reir, me encantaba besarlo, me parecía tierno, alocado, algo forro también. Una noche, se festejó el cumpleaños de un amigo suyo en su casa. Él, de acido. Yo, totalmente ebria. Estuve a punto de irme en un momento, porque no conocía a nadie, asi que empecé a hablar con un flaco. Se puso celoso, y se me acercó de forma definitiva. No supimos por qué, pero nos escapamos al garage, e hicimos el amor 3 veces. En la vorágine de las drogas y el alcohol nos encerramos con llave en su habitación.. y nos echamos diez polvos más. Sí, real.. 13 polvos en total. Rendidos, nos dormimos casi al mediodía. Cuando despertamos, almorzaba con su familia, y allí me presentó. "Una amiga de tal lado".
La sigo en otro momento...